Evidentemente uno no tiene nada contra los ciclistas ni mucho menos, al fin y al cabo durante unos cuantos años también este que suscribe montó en artilugios de dos ruedas por esas carreteras de Dios y sin motor que lo asistiese, claro que uno siempre tuvo claro un pequeño detalle (también en moto ¡ojo!): que el parachoques, el que se iba a llevar el sopapo gordo, llegado el caso, era mi cuerpo. Ultimamente noto que todos reclamamos derechos de todo tipo, cuando se trata de rodar por el oscuro asfalto, lo que no tengo tan claro es si nos damos cuenta, tanto ciclistas como motociclistas, de nuestra debilidad. Hoy le toca a los ciclistas.
